«Buscar almas y encaminarlas a Dios a través de la escuela».

Faustino Míguez inició su vida escolapia en el noviciado de Madrid. Tras continuar con sus estudios, fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1856 y fue enviado a la primera fundación escolapia de Guanabacoa (Cuba). Enseñó en la escuela de magisterio para la formación de maestros donde aprendió la utilidad terapéutica de las plantas. A continuación, fue enviado a diversas comunidades de España: Celanova, El Escorial, Monforte de Lemos, Sanlúcar de Barrameda y Getafe, donde transcurrió los últimos años de su vida.

Durante su segunda estancia en Sanlúcar de Barrameda, descubrió la situación de abandono e ignorancia en la que se encontraba la mujer y la necesidad de que alguien las guiara desde la infancia. Con el permiso de su Superior General, y con la aprobación del Arzobispo de Sevilla, 1885 fundó el Instituto Calasancio, Hijas de la Divina Pastora. Esta Congregación, que sigue el estilo pedagógico de san José de Calasanz, nació para la educación popular

Educar, para el Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora, es «encaminar», acompañar en el camino de la vida a los pequeños y sencillos, «para evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia» y descubran la huella de Dios en ellos.

El 15 de octubre de 2017, el P. Faustino fue canonizado por el papa Francisco.

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