Luis Alberto Hernández Cardozo, Sch.P.

Párroco vicaría de la Transfiguración del Señor. Barquisimeto (Venezuela)

Recientemente hemos celebrado en la Iglesia la Solemnidad del Corpus Christi que nos ha invitado a abrazar el cuerpo de Jesús Eucaristía. Esta celebración litúrgica es una festividad misionera porque Jesús nos invita a ser, en nuestra historia, memorial de su entrega. Recibir a Jesús Eucaristía es abrazarlo en el cuerpo sufriente de la historia donde nos prometió quedarse. Y esa misión se ha querido hacer vida en nuestra Presencia Escolapia de Barquisimeto.

Hace ya aproximadamente 5 años que nuestra Presencia Escolapia de Barquisimeto, escuchó en su interior el mandato de Jesús Eucaristía “denles ustedes de comer” (Lc. 9,13), pues una realidad se nos imponía: la situación social, económica y política de Venezuela. Esta coyuntura social hizo un quiebre en las poblaciones más vulnerables de nuestro país. El número de desnutrición, todavía hoy, de niños, niñas, jóvenes, y hasta adultos, era –es- verdaderamente alarmante, y no se podía no hacer nada.

Los espacios de contacto con los niños y niñas en la catequesis o en las aulas de clases del Colegio San José de Calasanz era el escenario, o mejor dicho, el lugar teológico donde los escolapios, religiosos y laicos de ese momento, entendieron que no podían «despedir a la multitud, para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores, y hallen alojamiento y consigan alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto» (Lc 9,12). ¡Y se pusieron manos a la obra!

De esta manera nació la red de comedores “Calasanz Nos Une”. Hoy es una plataforma de misión compartida, con pan con sabor a Calasanz, no sólo porque lleva su nombre sino por toda la vida que gira alrededor de un fogón donde, literalmente, se multiplica el pan, la sopa, la arepa, los granos, la leña (convertidos ya en un  sacramental) para dar alimento a los más de 600 niños y niñas beneficiados.

La red de comedores es acompañada por la Red Itaka Escolapios que asume la tarea de alimentar también en el espíritu, el corazón de las voluntarias y voluntarios que disponen su tiempo y vida para hacer posible el milagro de ser cuerpo carismático compartido. Y esa es una de las mayores riqueza que este proyecto tiene: su recurso humano, a saber: primeramente las mujeres y hombres voluntarios, los benefactores de distintas ONG´s que sostienen la manutención alimenticia, jóvenes voluntarios de Movimiento Calasanz y del Colegio, porque todos ellos posibilitan que se pueda multiplicar el pan de la Piedad y las Letras.