UNA HISTORIA REAL

“Durante la Guerra de Corea ocurrió que un civil fue arrestado por los comunistas y éstos ordenaron fusilarlo. Pero cuando el joven líder  comunista se enteró de que se trataba del director de un orfanato que cuidaba de niños abandonados, decidió perdonarle la vida a cambio de la ejecución de su hijo, que fue fusilado cuando sólo tenia 19 años de edad, en presencia del padre.

La guerra terminó  y las fuerzas de las Naciones Unidas capturó al líder, lo juzgó y finalmente lo condenó a la pena de muerte. Pero antes de cumplirse la sentencia, el cristiano a quien su hijo había ordenado fusilar suplicó que lo perdonaran.

Su argumento era que aquel líder era muy joven cuando ordenó la sentencia y realmente era ignorante de lo que estaba haciendo. ‘Dádmele a mí –dijo el padre- y yo lo reeducaré’. Finalmente las fuerzas de las Naciones Unidas accedieron ante aquella súplica tan inusual;  el padre acogió al asesino en su propia casa y cuidó de él. Aquel joven comunista se convirtió y acabó siendo un pastor de la Iglesia.”

Seguimos al Señor Resucitado no como respuesta moral a una propuesta de vida ascético-ética, sino como camino de identificación paulatina con la persona de Jesús. Se trata de nuestra configuración vital en la Muerte y Resurrección del Señor en nuestras vidas. Se trata de transparentar en nuestra vida que realmente Dios es ternura y compasión, como repetidamente aparece escrito en los salmos especialmente. Todo cristiano está llamado a esta misión apasionante, pero nosotros de manera especial al querer vivir la consagración bautismal desde el ángulo de la radicalidad y la libertad.

Cuando los Padres del desierto empezaron a vivir su consagración especial lo hacen buscando la conversio morum y hacían el votum monasticum que implicaba una forma nueva de ser: oración, ascesis, ayunos, castidad, silencio… pero nunca quisieron objetivar este votum por miedo a que lo que eligieron libérrimamente se convirtiera en una obligación estricta con matices moralistas. San Agustín aclarará que aunque la consagración monástica (religiosa) implica renuncia, en lugar de ser desprecio del mundo es re-conquista del mismo. Sólo en el siglo XIII, con Inocencio III irá la consagración religiosa unida a los tres votos actuales de pobreza, castidad y obediencia.

Toda esta mirada nos invita a poner el acento de la Vida Consagrada no en la manera rigorista de vivir sino en la vivencia, en la experiencia profunda y radical del seguimiento del Resucitado.

Por eso, cuando la figura del Maestro desaparece de nuestra vida, entonces se desdibuja el sentido de nuestra vida religiosa. Pues toda ella se sostiene sólo en el amor apasionado que Él nos manifestado (a cada uno de una manera muy especial y particular) y al cual queremos responder también apasionadamente.

Veamos una breve radiografía interior del amor apasionado que llevó a Calasanz a abrir las primeras escuelas cristianas gratuitas y populares en la historia de la Iglesia de manera que nos animemos a compartir ‘la pasión por Cristo y por los demás’, especialmente por los niños y jóvenes:

Tocado por la fuerza y la luz del Espíritu del Señor Jesús emprende el viaje interno de su “segunda conversión”, como sucede en la biografía de muchos personajes, sobre todo en los 40-50 años de vida. De ser bueno, en el mejor sentido de la palabra “bueno”, a ser SANTO.

  • Este amor por Cristo, en proceso creciente, va unido al descubrimiento de su rostro en los muchachos abandonados que vagaban por las calles de la Roma Renacentista, que estaba cargada de bellezas arquitectónicas, escultóricas y pictóricas. Pero “la música callada” que sintonizaba por aquel entonces el corazón de Calasanz le hizo pasar de todo aquello, para anclarse en la llamada a hacer algo por los muchachos abandonados.
  • Así inicia las Escuelas para pobres (Escuelas Pías) en la sacristía de Santa Dorotea (regalo de Dios). En adelante, estamos en el año 1597, será una evidencia absoluta para Calasanz que ‘defender las escuelas para los pobres, es defender la causa de Dios’.
  • Aquella pasión amorosa por el rostro de Dios en los pobres, no estaba desgajada de su pasión por la Iglesia a la que permanecerá fiel hasta extremos heroicos, como bien sabemos por su biografía. Expresará esta pasión en sus constantes referencias a la Iglesia y a sus problemas de desintegración por la expansión del protestantismo, en su obediencia y fidelidad incondicional, cuando a punto de morir envió a dos escolapios para que en su nombre hicieran el gesto de total sumisión a
  • Tuvo pasión por la Verdad, esa verdad que, más que una definición, es sobre todo una persona: Cristo. Calasanz define al educador como “cooperador de la verdad” y dice que las escuelas son remedio eficiente para preservar y curar todo mal, y para encaminar e iluminar la bondad que habita en cada muchacho (Memorial a Tonti, 7). Quería que el escolapio fuera mediación viva a través de esta doble herramienta: la luz de Dios (Piedad) y la luz humana (Letras)
  • Calasanz tuvo la pasión por la Madre de Dios a quien se acoge como Madre suya, llevándola en su nombre de religioso (José de la Madre de Dios) y poniéndola a sus hijos escolapios como título de la Orden de los Pobres de la MADRE DE DIOS de las Escuelas Pías. Su pasión de amor por María, hizo que fuera su consuelo en las dificultades (“bajo tu amparo y protección…”, oración con la que quería que toda oración comunitaria acabara) y el icono femenino de lo que significa ser educador, dando luz al hombre nuevo en el corazón.

Para acabar, copiamos de un documento nuestro ,“Desde Cristo”, que dice:

Si hay cosas que sólo se ven con los ojos del corazón, Calasanz, apasionado por el amor de Dios y entusiasta de la educación, conoció como pocos las insondables riquezas de Cristo, Maestro Bueno. La perspectiva Calasancia ha quedado recogida en las Constituciones, que dibujan el proyecto de vida escolapio. Por eso deben ser objeto de estudio, de referencia permanente, de amor y de integración personal”.

Fernando Negro Marco, Sch.P.

Ponce, PR

2 de abril de 2020

 

 

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